Piel lisa y reluciente

Después del verano es muy común notar que nuestra piel se ha quedado sin brillo y reseca y necesita reponerse de las agresiones naturales del clima y el entorno, como el sol, el viento, el agua salada o el cloro de las piscinas. La sudoración que provoca las altas temperaturas hace que la piel pierda agua y minerales y sufra deshidratación y sequedad.

Todo lo que no prevemos durante los meses estivales, cuando la exposición de nuestra piel a los rayos ultravioleta es más intensa, nos pasa factura al comenzar el otoño. Conviene una intervención inmediata.

Exfoliación: regenerar la piel

Es el momento de exfoliar la piel para retirar las células muertas que se acumulan en la  epidermis y así acelerar su regeneración.

Además, la exfoliación contribuye a:

  • Activar la circulación
  • Suavizar la piel
  • Fortalecer la piel y darle elasticidad

La exfoliación se puede hacer en casa con  mascarillas exfoliantes. Comenzar una vez a la semana durante el primer mes. Después es preferible reducir la frecuencia a cada 15 días, porque la piel podría irritarse. Las pieles muy sensibles o muy secas hay que exfoliarlas con menos frecuencia (una vez cada tres semanas será suficiente). También se puede recurrir a un  peeling con ácidos o a las cremas, geles y serums que los contienen: ácido glicólico y retinoico, entre otros. De todas formas, de poco servirán los tratamientos si se realizan sólo durante unas semanas. La constancia, como siempre, es la clave del éxito.

Rehidratación

Una vez recuperada la piel a nivel celular, conviene aplicar una  loción hidratante para que luzca lisa, suave y reluciente. La rehidratación debe hacerse con productos que fijen el agua en las capas más profundas y que contengan activos concentrados como el  hialurónico, urea y ceramidas.

Estos productos se encuentran en las farmacias en forma de sueros y cremas rehidratantes. Es importante seguir aplicando estos cuidados con la llegada del frío, también agresivo contra la piel. Las pieles más maduras no sólo pierden agua, sino que sufren los efectos de la flacidez y presentan un aspecto mustio y falto de elasticidad. En estos casos se necesitan cosméticos que actúen combatiendo la acción de los radicales libres, para prevenir el envejecimiento prematuro. Un ejemplo de éstos son los formulados a base de vitaminas E y C, té verde, aceite de oliva o coenzima Q-10. Todos ellos aportan suavidad, flexibilidad y luminosidad.

 

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